
“Los scouts son unos frikis con uniformes raros que van por la vida salvando animalitos y haciendo fuego frotando palos y piedras.”
Por lo cerca que me toca, estoy muy harta de que se diga que los scouts son una secta. Soy una scout orgullosa y puedo afirmar que todos y cada uno de los clichés que se nos atribuyen son falsos: no hacemos fuego con palos y piedras (el mechero ha llegado a las vidas de todos los ciudadanos por igual), ni llevamos uniformes raros (unos vaqueros y un polo no me parece nada fuera de lo común), ni salvamos animalitos (simplemente no los maltratamos, como se supone que hace el resto de la humanidad) y evidentemente NO SOMOS UNA SECTA. Se trata de organizaciones sin ánimo de lucro, que se dedican a trabajar con los jóvenes y a organizar actividades para ellos, tanto a nivel local, como a nivel nacional, buscando siempre un fin social.
Para mí personalmente, son una forma de salir de mi rutina, de estar con gente con la que no suelo compartir mi día a día, de escapar de la ciudad y oxigenarme en la montaña y de viajar y conocer gente nueva.
Hay gente a la que este tipo de organizaciones no le aportan nada y en la que no se sentirían a gusto. Es totalmente comprensible y como diría una amiga mía (a la que espero que le guste este post) “hay gente pa’ to’”. Pero si hay algo que me molesta de verdad es el “hablar por no callar” y la crítica desde el desconocimiento.
Como tengo la sensación de que esto empieza a parecer un discurso de captación sectario, os dejo una canción compuesta por el Grupo Scout Vallaroso (al que pertenezco) con la que ganamos el III Premio del Festival Nacional de la Canción Scout en 2008. Se titula irónicamente “Bollycao de ciudad” y trata precisamente de esto, de los tópicos que se nos atribuyen. La canción es un diálogo entre un scout y un no scout. Espero que os guste
ESTRIBILLO:
No cogemos margaritas, no hacemos galletas
no queremos medallitas colgando de la chaqueta.
No cogemos margaritas, no hacemos galletas,
somos más que unos niños pijos luciendo la pañoleta
